miércoles, 21 de mayo de 2014

Vida en abundancia

...junto al dato revelado que nos enseña que el hombre es imagen de Dios, e inseparablemente unido a éste se encuentra otro no menos trascendente: el Hijo Unigénito es imagen perfecta del Padre. De este modo, con su Encarnación, el Hijo ha salvado la distancia infinita entre el Creador y la criatura. A partir de Cristo, la tarea consiste en lograr ser hijos en el Hijo; identificarnos con el Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.
¿Por qué el Espíritu Santo? Porque es el Afecto Eterno, la Identificación Increada entre el Padre y el Hijo; el Amor que se da al hombre (Don) para que el hombre pueda donarse a Dios, con toda su mente, con todas sus fuerzas, con todo su corazón.
San Ireneo de Lyon -puente entre la Patrística oriental y el Occidente- llega a decir que en el hombre hay tres elementos: cuerpo, alma y Espíritu Santo. Sin querer confundir al hombre con Dios, su afirmación pretende subrayar la especialísima intervención del Espíritu Santo en el hombre.
La teología reciente ha rescatado una idea ya sugerida en los primeros siglos: la de que la comunión entre las tres Personas divinas se refleja en cada hombre y en la comunión entre los hombres, precisamente porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
Añado una sugerencia más motivada por algunas afirmaciones de Juan Pablo II. Dios Padre ama al hombre con corazón de Padre y Madre; para que el hombre pueda acercarse al Padre con la ternura propia del hijo con su madre, ha interpuesto a María, Madre de su Hijo y del hombre. Así, la Virgen Madre de Dios es el corazón materno de Dios.
Queda de este modo configurada la manera del don que Dios oferta al hombre al invitarle a vivir su misma Vida. Se comprende así con nuevas luces la afirmación de Jesús: "Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia"  (Jn 10, 10b)