...junto al dato revelado que nos enseña que el hombre es imagen de Dios, e inseparablemente unido a éste se encuentra otro no menos trascendente: el Hijo Unigénito es imagen perfecta del Padre. De este modo, con su Encarnación, el Hijo ha salvado la distancia infinita entre el Creador y la criatura. A partir de Cristo, la tarea consiste en lograr ser hijos en el Hijo; identificarnos con el Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.
¿Por qué el Espíritu Santo? Porque es el Afecto Eterno, la Identificación Increada entre el Padre y el Hijo; el Amor que se da al hombre (Don) para que el hombre pueda donarse a Dios, con toda su mente, con todas sus fuerzas, con todo su corazón.
La teología reciente ha rescatado una idea ya sugerida en los primeros siglos: la de que la comunión entre las tres Personas divinas se refleja en cada hombre y en la comunión entre los hombres, precisamente porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
Añado una sugerencia más motivada por algunas afirmaciones de Juan Pablo II. Dios Padre ama al hombre con corazón de Padre y Madre; para que el hombre pueda acercarse al Padre con la ternura propia del hijo con su madre, ha interpuesto a María, Madre de su Hijo y del hombre. Así, la Virgen Madre de Dios es el corazón materno de Dios.
Queda de este modo configurada la manera del don que Dios oferta al hombre al invitarle a vivir su misma Vida. Se comprende así con nuevas luces la afirmación de Jesús: "Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10b)