lunes, 31 de marzo de 2014

Inteligencia, voluntad, corazón


S
abedores de que el hombre tiene una inteligencia ordenadora, que se dirige por una voluntad libre e impelida por el amor, estamos más dispuestos a aceptar a llamada de un Dios personal que en su inteligencia ordenadora ha decidido con su voluntad libérrima conducirme amablemente hacia Él.
La distancia inconmensurable entre la naturaleza de Dios Persona y la de la persona humana ha de ser entendida como infinita, sólo análoga a la existente entre la persona humana  y las cosas. Pero esa distancia ha sido salvada por el poder también infinito de Dios que ha querido acercar al hombre a su naturaleza, otorgándole la capacidad de asumir esa condición.
Cada hombre que intuye en su ser personal la oferta de vida hecha por Dios está en condiciones de captar el trato personal que Dios le propone como modus vivendi. Obviamente, sólo entre personas pueden entablarse relaciones personales. Entre la persona humana y las cosas sólo se establecen relaciones no recíprocas de utilidad y dominio.
Dios llama al hombre a establecer relaciones de conocimiento, elección y amor. Al conocer al hombre Dios lo hace ser (y ser persona); al quererlo, lo elige; y al amarlo, lo acompaña desde la eternidad hacia la eternidad, en un solo acto que la razón humana recibe por la Revelación según su naturaleza: fragmentado y descompuesto, y por eso plenamente válido y eficaz.
Al conocer a Dios el hombre es capaz de identificarlo como Padre, como Hermano y como Amigo, en un acto discontinuo y gratuito ya que por naturaleza excede la capacidad primera del ser personal humano. La excede y al mismo tiempo, la supone, creada como está capax Dei.

domingo, 23 de marzo de 2014

La Canción de Bilbo

La Canción de Bilbo me vino de inmediato a la memoria cuando terminé de redactar las líneas que te entregué en la entrada anterior. Y aquí la tienes, porque me parece que sigue siendo eficaz en este entorno:

Me siento junto al fuego y pienso
en todo lo que he visto,
en flores silvestres y mariposas 
de veranos que han sido.

En hojas amarillas y telarañas
en otoños que fueron,
la niebla en la mañana, el sol de plata,
y el viento en mis cabellos.

Me siento junto al fuego y pienso
cómo el mundo será,
cuando llegue el invierno sin una primavera
que yo pueda mirar.

Pues hay todavía tantas cosas 
que yo jamás he visto:
en todos los bosques y primaveras 
hay un verde distinto.

Me siento junto al fuego y pienso
en las gentes de ayer,
y en gentes que verán un mundo
que no conoceré.

Y mientras estoy aquí sentado
pensando en otras épocas 
espero oír unos pasos que vuelven 
y voces en la puerta.


JRR Tolkien, El Señor de los anillos, I La comunidad del anillo, El anillo va hacia el sur.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Para comenzar

Nuestros abuelos contaron a sus hijos las historias del Antiguo Testamento. Nuestros padres nos contaron a nosotros, sus hijos, las historias de los Santos. Nosotros no os contamos nada a vosotros. Y vosotros, ¿qué contaréis a los que vienen después? ¡Volved, volved a las raíces!







Hace bastantes años un poeta, filósofo y gran amador de Dios nos señalaba -en una tertulia inolvidable, nocturna, romana- a un pequeño grupo que le escuchaba atentamente, el gran poder poético del verbo recordar, referido a la segunda persona de modo interrogativo: "¿recuerdas?". Muchos sustantivos y muchos verbos tienen una eficacia poética inmensa; pero el verbo recordar nos devuelve a un tiempo y a una situación tan entrañablemente nuestros, los actualiza, los hace presentes de tal manera que remueve todas las fibras de nuestro ser. No es el pasado como pasado lo que se evoca: es lo mío anterior como actuante y presente: vivo.

El espíritu egocéntrico y pragmático de hace ya muchas décadas ha conseguido que nos desinteresemos del pasado haciéndonos creer que está muerto. Esto podría ser verdad si cada uno de nosotros fuese cada día, cada hora, cada minuto de su vida un compartimiento estanco, discontinuo pero a la vez pleno de sentido. En definitiva si cada uno de nosotros fuese muchos a la vez, a lo largo del tiempo. Pero la conciencia personal nos dice que somos -que soy- el mismo desde hace un largo período cuyo inicio no sé ubicar con precisión, pero que es -así lo conceptúo y  lo siento- real y activo.
Sin embargo ha prevalecido el influjo del medio sobre el testimonio del espíritu y ahora las historias que nos contamos suelen ser vacíos espacios de nada, en los que yo no estoy. Y cuando alguno se asoma a las ventanas de sus ojos y desde la puerta de su alma se atreve a lanzar un grito que descubre su propio corazón, suele ser tildado de intimista, subjetivo, críptico...
¿En dónde está la diferencia entre un narrar de aconteceres que re-vivo como míos, y las cuidadas descripciones de acontecimientos impersonales, intensos, llenos de revelaciones, pero ajenos? No ciertamente en el interés con el que eventualmente, se sigue cada historia, en su ritmo o en su perfección estilística, sino en su capacidad de convocar, de llamarme, de sacarme de mi sitio, para ubicarme en el que hoy y ahora me corresponde; en definitiva, de hacerme re-vivir, ya que de esta manera me enriquece.
Pero el prejuicio pragmático y egocéntrico -que desdeña el testimonio del espíritu humano-, utilizando los recursos que le facilitan los medios de comunicación audiovisual -cine, televisión- prefiere la historia truculenta con  la que se llora sin tristeza; o el miedo impostado de las narraciones de terror, en las que se teme sin desconfianza; o los finales felices en los que la dicha es efímera no solo en el tiempo sino en sustancia, porque no tiene que ver conmigo, sino con mis sentimientos.
Deberá llegar el día en que sepamos utilizar esos instrumentos -cine, televisión- para mejor recomponer el pasado, estructurar más eficazmente el futuro y así re-vivir el presente con mayor intensidad. Es decir que los medios de expresión -cine, televisión- me faciliten vivir mi historia, me hagan realista; en lugar de ser cauce de evasión o, lo que es peor, de disgregación y división del ser personal.
¡Volved a las raíces!, en donde se encuentra la savia que nos hace vivir realmente. Volved a las raíces y contaréis a vuestros hijos historias del pasado que se harán presente en vuestros labios porque habrán sido re-vividas en vuestros corazones. Historias que fueron escritas con la vida para quienes vienen después, y que no tenemos derecho a silenciar.

No es novedad. Transcribiré para ti lo que hace tiempo dejé escrito en un libro que lleva el título  de este blog. La intención es hacernos conscientes de que vivimos para los demás, particularmente para los que vendrán, más aún, para los que ya llegaron pero que respecto de nosotros, vienen después. Espero que podamos hablar de responsabilidad, sí; pero también de muchos otros valores y virtudes que exige la convivencia diaria. Ojalá podamos conversar muy directamente de lo que cada uno tiene en el corazón y desearía comunicarlo a los demás con ánimo de ayudarlos a crecer. Esa fue al menos mi intención cuando redacte muchas de las páginas que irán apareciendo como propuestas a este diálogo que ahora inicio desde esta tribuna.