jueves, 30 de junio de 2016

Casi un año después

¿Cómo puede pasar tan rápidamente el tiempo? Nos hemos olvidado mutuamente, si puede concebirse de esta manera la extraña experiencia de dejar de decirse cosas. No me olvidé. Tampoco tú. Es el tiempo. Añade miles de cosas simultáneamente. No nos deja pensar. Tampoco someter a juicio cuanto creemos saber de manera tan veloz.
A los que vienen después debo decirles que también para ellos está pasando lo mismo. Los veo ensimismados en sus iphones, sus celus, sus laptops... con sus juegos, sus redes, sus videos... También con ellos el tiempo es inexorable.
Solía decir una persona hace ya mucho tiempo -quizá milenios- que los que vienen después ya se están yendo. En esta época esto es más evidente. Ninguno a sus dieciséis tiene la impresión de que aún le queda la vida por delante: piensan que la experiencia de vida es ya suficiente como para tener ideas propias sobre muchas cosas...para tomar decisiones sin pedir opinión...para equivocarse sin rectificar y para experimentar sin comprometerse. Esa es ya una forma de estar yéndose sin darse cuenta.
Nos veremos -si es posible- a la vuelta de la esquina; de una de esas esquinas del mundo que, como da muchas vueltas, son innumerables. Cuando nos encontremos cara a cara -ahora parece imposible- no
nos ahorraremos alguna lágrima.