lunes, 29 de junio de 2020

Debemos ser felices








¿Entonces, la felicidad…? No es una búsqueda inútil para el hombre. Y sólo él puede buscarla. Claro que en muchas ocasiones se ha confundido felicidad con bienestar, placer, comodidad, etc. Pero mientras la felicidad es una realidad trascendente y de algún modo infinita (siempre se puede ser más feliz que), cualquier otro sentimiento de satisfacción es, de por sí perecedero.  Es por eso que sólo la criatura humana puede anhelarla. Mientras que las demás criaturas pueden buscar sus sucedáneos: hartazgo, confort, saciedad, equilibrio…
Eso último es lo que parece ofrecer la cultura de la muerte: disminuir para conseguir la satisfacción. Menos bocas, más alimentos; menos responsabilidades, más conducta amoral; menos distribución, más retención de mis bienes materiales para el egoísta usufructo.
Pero la auténtica felicidad, que busca el espíritu, no es equilibrio sino plenitud. A más vida, más alegría de vivir; a más necesidades que cubrir, más generosidad en el compartir; a más dificultades existenciales, más ejercicio del amor. Que se dediquen al equilibrio egoísta los que se han cerrado al espíritu y a la totalidad.

miércoles, 3 de junio de 2020

Estar vivo





¿Y la vida? Nos negamos a pensar si respondemos: un misterio. Vida es eclosión del ser. Allí donde antes no estabas, empiezas a ser. Puede quedarte aún un camino que recorrer hasta hacerte evidente (acabas de ser fecundado) pero ya estás vivo. Y no se puede negar que llegarás a ser lo que la naturaleza se ha propuesto contigo. No es una posibilidad sino una realidad (que viene de re, es decir, de cosa en el sentido fuerte de la expresión: algo, afirmación frente a la nada). Como se ha dicho, somos capaces de hablar de la nada a pesar de tener que afirmar que no es, porque se nos ha hecho evidente el ser de las cosas de manera que su negación es naturalmente imposible, a no ser que la neguemos sólo intelectualmente (la niegue la razón). Otra vez, quien aprueba la realidad de la trascendencia afirmará que la creación no tiene vuelta de hoja: lo que ha sido llamado al ser no deja de ser jamás. Y el hombre, sujeto corpóreo espiritual en función de su naturaleza conservará la vida para siempre.