miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad es hoy

Después de unas entradas -las últimas- bastante densas, hoy nos toca saludarnos efusivamente unos a otros: ha llegado la Navidad. Sabemos que se trata no sólo de una fiesta grande, sino que de alguna forma es La Fiesta. El Verbo de Dios se hace hombre para habitar entre nosotros; y desde entonces está entre nosotros, perfecto Dios y perfecto hombre. Hace más de dos mil años que sucedió. Sin embargo durante todo este tiempo siempre han habido muchos que llegaban a la existencia preguntándose, como los Magos, "dónde está el recién nacido? Venimos a adorarle". Que la magia de la Navidad  nos transforma a todos, a cuantos estamos ya aquí y a cuantos han ido llegando después que nosotros.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Vida en abundancia

...junto al dato revelado que nos enseña que el hombre es imagen de Dios, e inseparablemente unido a éste se encuentra otro no menos trascendente: el Hijo Unigénito es imagen perfecta del Padre. De este modo, con su Encarnación, el Hijo ha salvado la distancia infinita entre el Creador y la criatura. A partir de Cristo, la tarea consiste en lograr ser hijos en el Hijo; identificarnos con el Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo.
¿Por qué el Espíritu Santo? Porque es el Afecto Eterno, la Identificación Increada entre el Padre y el Hijo; el Amor que se da al hombre (Don) para que el hombre pueda donarse a Dios, con toda su mente, con todas sus fuerzas, con todo su corazón.
San Ireneo de Lyon -puente entre la Patrística oriental y el Occidente- llega a decir que en el hombre hay tres elementos: cuerpo, alma y Espíritu Santo. Sin querer confundir al hombre con Dios, su afirmación pretende subrayar la especialísima intervención del Espíritu Santo en el hombre.
La teología reciente ha rescatado una idea ya sugerida en los primeros siglos: la de que la comunión entre las tres Personas divinas se refleja en cada hombre y en la comunión entre los hombres, precisamente porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
Añado una sugerencia más motivada por algunas afirmaciones de Juan Pablo II. Dios Padre ama al hombre con corazón de Padre y Madre; para que el hombre pueda acercarse al Padre con la ternura propia del hijo con su madre, ha interpuesto a María, Madre de su Hijo y del hombre. Así, la Virgen Madre de Dios es el corazón materno de Dios.
Queda de este modo configurada la manera del don que Dios oferta al hombre al invitarle a vivir su misma Vida. Se comprende así con nuevas luces la afirmación de Jesús: "Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia"  (Jn 10, 10b)

lunes, 28 de abril de 2014

La Trinidad, Espejo para el hombre

Es parte del dato revelado darnos a conocer que el hombre ha sido creado a imagen de Dios. En líneas generales puede decirse que esta imagen ha sido interpretada en el sentido de la participación del hombre en la espiritualidad de Dios, y más concretamente en las facultades superiores de entender y querer, dependiente de esa espiritualidad. En efecto: sólo es posible que el hombre elija (quiera) si previamente conoce (sabe).

En aquella vida intratrinitaria a la que nos ha sido dado introducirnos mediante la Revelación, vemos a Dios queriendo lo que conoce y conociendo lo que quiere en un único acto impenetrable e inabarcable. El Padre, del que es propio conocer -junto al Hijo y al Espíritu Santo- conoce al Hijo, del que es propio ser conocido -junto al Padre y al Espíritu Santo-; pero "a renglón seguido", el Padre  y el Hijo se unen en una identificación mutua de Amor, que es el Espíritu Santo, procediendo del Padre y del Hijo.
En una proporción infinitamente inferior pero plenamente real, el hombre termina por unirse, identificarse con aquello que, una vez conocido, es elegido, querido por la voluntad. Y esa identificación es, con todas las imperfecciones del caso, un tercer acto natural humano que llamaremos afectividad.
De este modo, sólo si se identifica con aquello que conoce y elige libremente, el hombre estará realizando en plenitud la imagen de Dios que es. En este contexto es en el que se establecen completamente las relaciones personales entre cada hombre y Dios.




miércoles, 16 de abril de 2014

El encuentro con Dios

¡Oh eterna Verdad, y verdadera Caridad, y amada Eternidad! Tú eres mi Dios. Por Ti suspiro noche y día. Cuando por primera vez te conocí, Tú me tomaste para que viese lo que había de ver, y que aún no estaba en condiciones de ver. Reverberaste ante la debilidad de mi mirada, dirigiendo tus rayos con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor. Y advertí que me hallaba lejos de Ti, en la región de la desemejanza, como si oyera tu voz de lo alto: "Soy manjar de grandes: crece y me comerás". (...)
¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y, sin embargo, Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre las cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti esas cosas que, si no estuvieran en Ti, no existirían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, e hiciste huir mi ceguera. Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti; gusté de Ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abrasé en tu paz".
 
San Agustín, Confesiones VIII, 10.18-19


lunes, 31 de marzo de 2014

Inteligencia, voluntad, corazón


S
abedores de que el hombre tiene una inteligencia ordenadora, que se dirige por una voluntad libre e impelida por el amor, estamos más dispuestos a aceptar a llamada de un Dios personal que en su inteligencia ordenadora ha decidido con su voluntad libérrima conducirme amablemente hacia Él.
La distancia inconmensurable entre la naturaleza de Dios Persona y la de la persona humana ha de ser entendida como infinita, sólo análoga a la existente entre la persona humana  y las cosas. Pero esa distancia ha sido salvada por el poder también infinito de Dios que ha querido acercar al hombre a su naturaleza, otorgándole la capacidad de asumir esa condición.
Cada hombre que intuye en su ser personal la oferta de vida hecha por Dios está en condiciones de captar el trato personal que Dios le propone como modus vivendi. Obviamente, sólo entre personas pueden entablarse relaciones personales. Entre la persona humana y las cosas sólo se establecen relaciones no recíprocas de utilidad y dominio.
Dios llama al hombre a establecer relaciones de conocimiento, elección y amor. Al conocer al hombre Dios lo hace ser (y ser persona); al quererlo, lo elige; y al amarlo, lo acompaña desde la eternidad hacia la eternidad, en un solo acto que la razón humana recibe por la Revelación según su naturaleza: fragmentado y descompuesto, y por eso plenamente válido y eficaz.
Al conocer a Dios el hombre es capaz de identificarlo como Padre, como Hermano y como Amigo, en un acto discontinuo y gratuito ya que por naturaleza excede la capacidad primera del ser personal humano. La excede y al mismo tiempo, la supone, creada como está capax Dei.

domingo, 23 de marzo de 2014

La Canción de Bilbo

La Canción de Bilbo me vino de inmediato a la memoria cuando terminé de redactar las líneas que te entregué en la entrada anterior. Y aquí la tienes, porque me parece que sigue siendo eficaz en este entorno:

Me siento junto al fuego y pienso
en todo lo que he visto,
en flores silvestres y mariposas 
de veranos que han sido.

En hojas amarillas y telarañas
en otoños que fueron,
la niebla en la mañana, el sol de plata,
y el viento en mis cabellos.

Me siento junto al fuego y pienso
cómo el mundo será,
cuando llegue el invierno sin una primavera
que yo pueda mirar.

Pues hay todavía tantas cosas 
que yo jamás he visto:
en todos los bosques y primaveras 
hay un verde distinto.

Me siento junto al fuego y pienso
en las gentes de ayer,
y en gentes que verán un mundo
que no conoceré.

Y mientras estoy aquí sentado
pensando en otras épocas 
espero oír unos pasos que vuelven 
y voces en la puerta.


JRR Tolkien, El Señor de los anillos, I La comunidad del anillo, El anillo va hacia el sur.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Para comenzar

Nuestros abuelos contaron a sus hijos las historias del Antiguo Testamento. Nuestros padres nos contaron a nosotros, sus hijos, las historias de los Santos. Nosotros no os contamos nada a vosotros. Y vosotros, ¿qué contaréis a los que vienen después? ¡Volved, volved a las raíces!







Hace bastantes años un poeta, filósofo y gran amador de Dios nos señalaba -en una tertulia inolvidable, nocturna, romana- a un pequeño grupo que le escuchaba atentamente, el gran poder poético del verbo recordar, referido a la segunda persona de modo interrogativo: "¿recuerdas?". Muchos sustantivos y muchos verbos tienen una eficacia poética inmensa; pero el verbo recordar nos devuelve a un tiempo y a una situación tan entrañablemente nuestros, los actualiza, los hace presentes de tal manera que remueve todas las fibras de nuestro ser. No es el pasado como pasado lo que se evoca: es lo mío anterior como actuante y presente: vivo.

El espíritu egocéntrico y pragmático de hace ya muchas décadas ha conseguido que nos desinteresemos del pasado haciéndonos creer que está muerto. Esto podría ser verdad si cada uno de nosotros fuese cada día, cada hora, cada minuto de su vida un compartimiento estanco, discontinuo pero a la vez pleno de sentido. En definitiva si cada uno de nosotros fuese muchos a la vez, a lo largo del tiempo. Pero la conciencia personal nos dice que somos -que soy- el mismo desde hace un largo período cuyo inicio no sé ubicar con precisión, pero que es -así lo conceptúo y  lo siento- real y activo.
Sin embargo ha prevalecido el influjo del medio sobre el testimonio del espíritu y ahora las historias que nos contamos suelen ser vacíos espacios de nada, en los que yo no estoy. Y cuando alguno se asoma a las ventanas de sus ojos y desde la puerta de su alma se atreve a lanzar un grito que descubre su propio corazón, suele ser tildado de intimista, subjetivo, críptico...
¿En dónde está la diferencia entre un narrar de aconteceres que re-vivo como míos, y las cuidadas descripciones de acontecimientos impersonales, intensos, llenos de revelaciones, pero ajenos? No ciertamente en el interés con el que eventualmente, se sigue cada historia, en su ritmo o en su perfección estilística, sino en su capacidad de convocar, de llamarme, de sacarme de mi sitio, para ubicarme en el que hoy y ahora me corresponde; en definitiva, de hacerme re-vivir, ya que de esta manera me enriquece.
Pero el prejuicio pragmático y egocéntrico -que desdeña el testimonio del espíritu humano-, utilizando los recursos que le facilitan los medios de comunicación audiovisual -cine, televisión- prefiere la historia truculenta con  la que se llora sin tristeza; o el miedo impostado de las narraciones de terror, en las que se teme sin desconfianza; o los finales felices en los que la dicha es efímera no solo en el tiempo sino en sustancia, porque no tiene que ver conmigo, sino con mis sentimientos.
Deberá llegar el día en que sepamos utilizar esos instrumentos -cine, televisión- para mejor recomponer el pasado, estructurar más eficazmente el futuro y así re-vivir el presente con mayor intensidad. Es decir que los medios de expresión -cine, televisión- me faciliten vivir mi historia, me hagan realista; en lugar de ser cauce de evasión o, lo que es peor, de disgregación y división del ser personal.
¡Volved a las raíces!, en donde se encuentra la savia que nos hace vivir realmente. Volved a las raíces y contaréis a vuestros hijos historias del pasado que se harán presente en vuestros labios porque habrán sido re-vividas en vuestros corazones. Historias que fueron escritas con la vida para quienes vienen después, y que no tenemos derecho a silenciar.

No es novedad. Transcribiré para ti lo que hace tiempo dejé escrito en un libro que lleva el título  de este blog. La intención es hacernos conscientes de que vivimos para los demás, particularmente para los que vendrán, más aún, para los que ya llegaron pero que respecto de nosotros, vienen después. Espero que podamos hablar de responsabilidad, sí; pero también de muchos otros valores y virtudes que exige la convivencia diaria. Ojalá podamos conversar muy directamente de lo que cada uno tiene en el corazón y desearía comunicarlo a los demás con ánimo de ayudarlos a crecer. Esa fue al menos mi intención cuando redacte muchas de las páginas que irán apareciendo como propuestas a este diálogo que ahora inicio desde esta tribuna.