jueves, 16 de julio de 2020

Buceando entre ruinas

Acabo de prometer a su autor, el doctor Jaime Nubiola, que con el mismo título escribe las líneas que incorporo en esta entrada, que las usaré indiscriminadamente en cuanto cauce tenga para darlas a conocer. Me han parecido de especial interés. Y son estas:

“Estoy leyendo la excelente antología de Hannah Arendt «La pluralidad del mundo», que ha publicado Jaume Andreu (Tecnos, Madrid, 2019) y me han impactado unas palabras de su introducción. Viene a decir Andreu que «elegir el presente como suelo en un siglo con la tradición rota, supone que cada generación debe empezar de nuevo, buceando entre ruinas y abriendo otra vez el camino del pensamiento». Esta clarividente afirmación puede hacerse de Arendt, quien para comprender el trágico siglo XX en el que le tocó vivir, se sumergió en las fecundas intuiciones de los pensadores griegos de hace dos mil trescientos años.
Sin embargo, quizá pueda decirse algo parecido de nuestros contemporáneos que desconocen casi por completo la historia de Occidente y viven en el suelo del presente. Para nuestros jóvenes todo lo que ocurrió antes de que ellos aparecieran en este mundo viene a ser en última instancia irrelevante. Me impresionaban hace unos días los grupos de jóvenes airados que derribaban una estatua de Cristóbal Colón en Richmond, Virginia, y otra de Fray Junípero Serra en Ventura, California. Estoy seguro de que si hubieran podido leer el «Diario de a bordo del Almirante» o la historia del benemérito franciscano —que fundó nueve misiones en Alta California— no lo habrían hecho.


Estudiar historia sirve para aprender a vivir. Muy probablemente la frase más famosa de George Santayana es aquella que aparece en las páginas finales de «Reason in Common Sense»: «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Aparece en una disquisición de Santayana sobre el progreso que no depende principalmente del cambio, sino sobre todo de lo que se retiene. Cuando el cambio es absoluto —explica acertadamente Santayana— no hay espacio ni dirección para la mejora; cuando no se atesora la experiencia se perpetúa la infancia.
Este es quizás el drama de nuestro tiempo: ¡no hay futuro porque nuestros jóvenes desconocen el pasado! Ojalá, buceando entre las ruinas como Arendt, seamos capaces de abrir otra vez el camino del pensamiento".


Pamplona, 16 de julio de 2020