Es parte del dato revelado darnos a conocer que el hombre ha sido creado a imagen de Dios. En líneas generales puede decirse que esta imagen ha sido interpretada en el sentido de la participación del hombre en la espiritualidad de Dios, y más concretamente en las facultades superiores de entender y querer, dependiente de esa espiritualidad. En efecto: sólo es posible que el hombre elija (quiera) si previamente conoce (sabe).
En una proporción infinitamente inferior pero plenamente real, el hombre termina por unirse, identificarse con aquello que, una vez conocido, es elegido, querido por la voluntad. Y esa identificación es, con todas las imperfecciones del caso, un tercer acto natural humano que llamaremos afectividad.
De este modo, sólo si se identifica con aquello que conoce y elige libremente, el hombre estará realizando en plenitud la imagen de Dios que es. En este contexto es en el que se establecen completamente las relaciones personales entre cada hombre y Dios.

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