La muerte no es una cosa, ni una persona. No es un
acontecimiento. Es un momento que marca el paso de un modo de vivir a otro. Por
eso no es exacto que la opongamos a la vida: muerte y vida no son antagónicos.
Ni por su duración ni por su naturaleza. Se vive generalmente a lo largo de
unos años; se muere en unos momentos.
Muerte es el
paso de la vida natural (en la que sientes que estás bien, que respiras, que
estás solo o acompañado; en la que tienes perspectivas -de pasado, presente y
futuro-; sensaciones) a la Vida sobrenatural que, aunque puede iniciarse en
estos años de la vida se consolida como tal después, precisamente en el momento
de la muerte.
Si se tiene fe,
este aserto es obvio. Si no se tiene, es una posibilidad. En cualquier caso,
vale la pena pensar que la muerte es el ocaso de lo presente y la posible
eclosión de lo permanente.

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